miércoles, 3 de agosto de 2016

Mi primer libro, de verdad

El otro día fuimos a jugar una partida y me llevé la grata sorpresa de que ya estaba impreso. Y con mi nombre en él. 
Ya está disponible el libro de Devious: The Wheel of Fate, con la historia ideada por Lucía y escrita en gran parte por mi. Y ahí estoy yo.
Lo hojeé un poco nerviosa y me gustó ver que los correctores apenas habían cambiado mi trabajo original. Aunque lo había escrito hace tiempo, me reconocí en algunas frases y diálogos. Esto lo escribí yo, y ahora está ahí, impreso a color y encuadernado en tapa dura. Es bastante emocionante.

Casi todo el crédito es de Lucía. De ella fue la historia y la idea original. Pero puse en papel todas esas historias que estaban por su cabeza, y creo que algo de reconocimiento también tengo. Es una sensación extraña. Espero que a la gente le guste y que quiera jugar una partida o dos, hacerse un dracónido o un numachi y viajar por el multiverso.

De eso trata la historia, a reglas generales. La Rueda es un universo propio, con varios dioses (que son el mismo fragmentado), y una raza superior que ha aprendido a dominar la inmortalidad. Una de las dimensiones dentro de la Rueda es la propia Tierra, nosotros permanecemos ignorantes a las otras dimensiones y a sus infiltrados en nuestro mundo que juegan con nuestro destino. 

El libro merece la pena. La idea es genial, la ilustración es fantástica. Y el sistema es sencillo y fácil de jugar. Y la historia está taaaan bien escrita... XD
Para el que quiera saber más:
http://deviousrpg.blogspot.com.es/

Y para el que quiera su ejemplar:
http://www.holocubierta.com/market/marketview/rpggames/dev-01-detail

lunes, 11 de julio de 2016

Life is strange



No estoy jugando mucho a videojuegos últimamente, si descontamos el Pokémon GO. Pero entre los últimos que he encontrado que merece la pena está el "Life is strange", un juego al que empecé a jugar porque no quería tomar una decisión en Fallout 4, y anda, resulta que todo el juego se basa en tomar decisiones. Qué apropiado.

La protagonista tiene el poder de "rebobinar" el pasdo unos minutos, por lo que puedes deshacer cualquier decisión inmediatamente anterior. Pero no más. Y todo el desarollo del juego está basado en las decisiones que vayas tomando. Desde regar una planta hasta... bueno, no haré spoilers. Si a este efecto mariposa le sumamos unos gráficos bastante buenos y una BSO espctacular, nos queda un juego narrativo perfecto. 

Sí, vale, todo es muy hipster. Desde la prota con su polaroid hasta esta canción. Pero, bueno, no todo lo hipster tiene por qué ser malo. A veces está bien tomarse un café en Starbucks y ponerse una camisa a cuadros. 

Life is strange...

martes, 5 de julio de 2016

Del miedo y la huida

Cierto es que la valentía ha sido recompensada a lo largo de la historia. Sin embargo, ser cobarde es lo mejor que le puede pasar a un ser humano en su sano juicio. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que ante una batalla perdida, el valiente es aquel que no tuvo tiempo de correr. Algunos alegarán que siempre existe la posibilidad de la victoria, sin embargo, huir garantiza las posibilidades de éxito.

Huir de la tierra, del mar y del aire, huir de la vida, como si esta tuviera algún interés de adentrarse en el vacío de la existencia humana y hacer como que sirve para algo. Llegar a una isla desierta donde la vida ni siquiera se plantee introducirse, y subsistir sin contar con ella. Y, viéndola acercarse como por casualidad, volver al mar y escapar allí de todo: de los caballitos de mar, las sirenas y las medusas, y llegar a otro lugar. Allí donde puedas correr más que las gotas de lluvia que deciden besar el suelo, evadirte del sol y las estrellas y apenas ser rozado por la brisa. 

Y sin olvidar, nunca, nunca, que al fin y al cabo es posible que la cobardía sea una forma de valentía. Que es tan difícil quedarse y luchar como irte y renunciar a todo. Que, como alguien dijo, el valor es el resultado de un grandísimo miedo. 
Y con el miedo, a aprender se convive. Cuando ya no quedan islas en las que naufragar, es lo único que tenemos. Una luz, a la que, a ciencia cierta, aferrarse. Puede que tímida y temblorosa, y a veces tan insegura como nuestra propia alma, pero siempre está bien tener algo cierto, algo seguro e inmutable. 
Aunque este algo sea miedo.

viernes, 1 de julio de 2016

Vuelvo


Vuelvo al solar de la casa aquella que el lobo 
–que es la vida– ha derribado con un soplo. 
Vuelvo al futuro imperfecto. 
Vuelvo y descubro 
mi silueta en el suelo.

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Poco más que añadir.
Feliz verano

lunes, 9 de mayo de 2016

Geocaching saturday fever

Tengo hoy que hablar de la que, probablemente, sea la afición más friki que he tenido. Y eso que durante años jugué a rol en vivo. 

El geocaching es un juego del tesoro a nivel mundial, basado en el sistema de coordenadas GPS. El funcionamiento a priori es muy sencillo: alguien esconde algo en un lugar determinado, nos da las coordenadas, y nosotros lo encontramos. Ese algo se llama caché, y puede tener el tamaño de un botón o ser un tupperware de 3 litros. ¿Cuál es la recompensa? Si es pequeño solo está la satisfacción de encontrarlo y firmar en el logbook, y si es grande suele haber objetos de intercambio. 
Ahora, esto no es un caso aislado. Hay millones de cachés en todo el mundo, escondidos, solo a la espera de ser encontrados. Hay uno en la cima del Everest y otro en la Estación Espacial Internacional. El caché de "estas son las coordenadas, voy y lo encuentro" no es el único que existe: hay misterys, para los que tienes que resolver acertijos a cada cuál más endiablado, o tomar los datos de la zona para sacar las coordenadas (del estilo a: ¿cuántas columnas tiene tal edificio? ¿en qué año se construyó?), quedadas, eventos, megaeventos... 

Los atractivos del geocaching son muchos, pero yo destacaría el conocer la historia de lo que nos rodea de una forma entretenida (puesta en valor, que dirían en el máster de patrimonio), pasear, conocer sitios nuevos y, por supuesto, el encontrar un objeto oculto completamente mimetizado en el entorno. A veces, a simple vista y si sabes dónde buscar, aparecen rápido. Otras te tiras horas buscando y otras, como el que hay en el Jardín de Astronomía de la Ciudad de las Artes, tienes que volver 4 veces para encontrarlo.

En la foto, yo este verano, orgullosa de haber encontrado la piedra del muro del río que, en realidad, era un caché.

¿Y por qué hoy? Porque este fin de semana llegué a una hazaña sin par: mis 100 primeros cachés. No está mal, ¿no? Mi compi geocachera, en este caso, es Meri. Es la única que se ha flipado tanto como yo con el tema. Bueno, mi madre un poco también. Me acompañó a buscar en Milán.

¿Quieres saber si en tu ciudad hay cachés dispuestos a ser encontrados? Seguro, ¡hasta hay 4 en Almansa! Geocaching.com te está esperando.

jueves, 5 de mayo de 2016

Doble arcoiris


Hace unas semanas tuvimos unos días especialmente tristes. No por algo que me pasara a mi directamente, pero las cosas que pasan a los amigos también afectan. 
Y volviendo de uno de estos momentos tristes, apareció en la carretera un doble arcoiris completo.

"Doble arcoiris, ¿qué significa?
Bueno, un arcoiris doble es un fenómeno óptico que revela un espectro de luz debido al brillo del sol que atraviesa la humedad condensada de la atmósfera. ¿Te gusta la explicación?"

Creo que es la primera vez que veía uno, tan completo, con su principio y su final. Mi cámara solo pudo captar uno de los lados, era muy grande. 

No soy de las que creen en el más allá o en otras vidas. Conforme pasan los años más escéptica me vuelvo. Pero un arcoiris doble no es algo que se vea todos los días, y siendo dos las personas que nos habían dejado, ¿significará algo?

Supongo que no. Pero es bonito. Y siempre nos quedarán las cosas bonitas. Y los recuerdos.

viernes, 29 de abril de 2016

El apagador

Tenía un apagador. Lo había heredado de su abuelo. Un apagador no es lo contrario de un encendedor. Tampoco apaga nada, estrictamente hablando. Pero a falta de encontrar una definición mejor, lo llamaba apagador.

Era un aparato pequeño, del tamaño de un mando de puerta de garaje, y con tres botones. El primer botón afectaba al portador y "apaga" los sentimientos, de manera que, con pulsarlo una vez, le invade una sensación neutra. Si estaba nervioso, airado, extremadamente feliz o en pleno llanto, al momento deja de estarlo. El segundo botón afectaba al medio ambiente, y "apaga" las condiciones meteorológicas. De golpe, se pasaba a un día de estos que ni frío ni calor, ni húmedo ni seco, ni luminoso ni oscuro. Un día anodino de mediados de abril. Lo curioso era que, si se pulsaba el segundo, también surtía efecto el primero. Si llovía y estaba triste, todo se corregía a la vez. Como en esos relatos del siglo XIX en los que el humor del protagonista afectaba a la meteorología.
El tercer botón no sabía para qué servía, su abuelo le había dicho que no lo pulsara.

El apagador era útil en muchas ocasiones. El problema es que su efecto no duraba mucho, y a veces era contraproducente. Por ejemplo, si le apetecía ir a la playa pero llovía, y pulsaba el botón para una climatología neutral, de golpe sus sentimientos cambiaban y ya no le apetecía ir a ningún sitio. Por eso no lo usaba muy a menudo. En esos días en los que le invadía la tristeza y la melancolía, o había tenido un mal día, o incluso si se sentía tan feliz que le parecía antinatural, lo usaba. Y luego, visto con perspectiva, le parecía que "apagarse" había sido la mejor decisión. El tiempo que pasaba sintiéndose neutral era muy productivo. Pero algo le decía que no era bueno, que hay que estar enfadado cuando hay que estarlo y feliz cuando toca. Así que intentaba espaciar los usos del apagador lo máximo posible.

Un día, una noche especialmente negra, se despertó en mitad de la noche nervioso y con sudores fríos. Había tenido una pesadilla, todo le temblaba. Tenía que usar el apagador lo antes posible. No recordaba qué había soñado, pero nunca antes se había sentido tan mal. Alargó la mano para cogerlo y, sin querer, se le cayó al suelo, pulsándose todos los botones a la vez.

Lo primero que pasó fue que se hizo de día.

Lo segundo, que le invadieron de golpe todas las sensaciones extremas que había evitado durante años.

Y, finalmente, el apagador estalló en mil pedazos.

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Después de varios años hoy he tenido una idea. Y tenía que escribirla.